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Muchos de nosotros nos acordamos de cuando éramos pequeños y nuestros padres nos decían que si nos acercábamos mucho a la pantalla del televisor perderíamos la vista. Sin embargo, no existen evidencias científicas suficientes que demuestren que puede tener lugar un daño duradero, según la Academia Americana de Oftalmología.

Sin embargo existen muchas otras actividades que realizamos de forma cotidiana y que pueden acarrearnos infecciones dolorosas, lesiones extrañas, y muchas afecciones más.

Estos 8 hábitos cotidianos de los ojos que son más peligrosos de lo que pensamos.

1: El uso continuado de la misma lente de contacto

Con el tiempo, las bacterias de las lentes de contacto se van acumulando.

Esos gérmenes pueden trabarse en la superficie de las lentes y multiplicarse causando úlcera corneal, una llaga abierta ocasionada por una infección.

Por este motivo, debemos adquirir unas nuevas cada 3 a 4 meses, asegura Ray Chan, oftalmólogo en el Texas Health Arlington Memorial Hospital. Si lo hacemos al mismo tiempo que reemplazamos el cepillo de dientes, se convertirá en un hábito más fácil de recordar.

También es una buena idea esterilizarlas con agua hirviendo durante 5 minutos una vez por semana. Eso destruirá los gérmenes que se pudieran estar acumulando.

2: Frotarnos los ojos

Frotar vigorosamente los ojos puede romper los vasos sanguíneos

La ruptura de los vasos sanguíneos, no es realmente perjudicial, pero podría transferir bacterias y virus de las manos a las pestañas y párpados, aumentando el riesgo de infecciones.

Además, es una causa de inflamación alrededor de los ojos.

3: Tocarnos los ojos antes de lavarnos las manos

Solemos tocarnos el rostro un promedio de casi 16 veces cada hora, según una investigación publicada en el Journal of Occupational and Environmental Hygiene. Eso puede hacer que las manos y los dedos sucios entren en contacto con los ojos y transfieran bacterias o virus capaces de causar una infección, afirma Stuart Sondheimer, oftalmólogo en Park Ridge, Illinois.

Para evitar que estos gérmenes lleguen a los ojos, hay que evitar tocarlos, y si tenemos que hacerlo, debemos lavarnos las manos con agua caliente y jabón.

4: Utilizar un rizador de pestañas de forma continuada

Las pestañas tienen como función impedir que la suciedad y el polvo entre en los ojos. Estas partículas pueden provocar una reacción del sistema inmunológico, produciendo rojeces e irritación.

5: Utilizar la saliva para enjuagar las lentes de contacto

La saliva contiene una gran cantidad de bacterias, y el agua del grifo puede tener organismos amiláceos similares a las bacterias capaces de ocasionar queratitis de Acanthamoeba, una infección que podría provocar ceguera permanente e irreversible.

El agua destilada o las gotas salinas son alternativas más seguras, en caso de que no dispongamos de la solución ideal.

6: Nadar sin gafas

Las gafas para nadar forman un sello impermeable alrededor de los ojos que bloquean los compuestos potencialmente dañinos que pueden haber en el agua.

Al igual que ocurre con el agua del grifo, tanto el agua dulce como la salada podrían contener microorganismos y bacterias dañinas. Cuando el cloro utilizado para limpiar las piscinas se mezcla con el sudor, la orina y la materia fecal, forma cloraminas, sustancias químicas que ocasionan enrojecimiento e irritación ocular.

7: Abusar de los blanqueantes oculares

Las gotas que sirven para blanquear los ojos pueden hacer que éstos enrojezcan. Estas gotas actúan mediante la constricción de los vasos sanguíneos. El abuso de estas sustancias hace que nuestros ojos se acaben adaptando a las gotas.

8: Saltarnos las medidas de protección

Más del 40% de las lesiones oculares se deben a actividades como las reparaciones en el hogar o los trabajos de jardinería y limpieza, según la Academia Americana de Oftalmología.

Esto ocurre porque los desechos u objetos punzantes como el metal o la madera se introducen dentro del ojo, explica el Dr. Sondheimer.

Es imprescindible utilizar unas gafas bien ajustadas antes de poner en marcha la cortadora de césped o arreglar un grifo con fugas.


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