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El dolor es algo muy personal. Ningún análisis de sangre o exploración puede indicar a nuestro médico cuánto dolor estamos sintiendo, y lo que alivia las molestias en una persona podría no tener efecto en otra. El motivo es, que el dolor está, literalmente,en nuestra mente.

Al igual que ocurre con otras sensaciones, el dolor es algo que el cerebro crea sobre la base de la información sensorial que recibe de nuestro cuerpo, de acuerdo con una investigación de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, existen una gran cantidad de factores que pueden afectar a la cantidad de dolor que percibe el cerebro. La investigación ha demostrado que la ansiedad, el cansancio y hasta las expectativas que tengamos, pueden aumentar o disminuir nuestras molestias.

Del mismo modo, hay muchas maneras de aliviar el dolor que no tienen nada que ver con los medicamentos. Estas son algunas de ellas:

Pasar más tiempo con los amigos

Salir con amigos dispara el sistema de producción de endorfinas de nuestro cerebro, asegura Robin Dunbar, profesor de psicología evolutiva en la Universidad de Oxford. Las endorfinas son sustancias neuroquímicas que pueden calmar la actividad en los centros cerebrales, lo cual podría explicar por qué ese tiempo que pasamos con nuestros amigos reduce el dolor.

Por otro lado, el aislamiento social está vinculado con un empeoramiento del dolor de espalda, según una investigación de la Universidad de Melbourne en Australia.

Diversión

La risa también es un potente reductor del dolor, afirma Dunbar. Su investigación demuestra que cuando bromeamos o cuando vemos una película divertida, se incrementa el umbral de dolor.

Masajes

Un estudio del año 2015 llevado a cabo por la Clínica Mayo es una de las investigaciones más recientes que se han realizado, y sugiere que un masaje puede eliminar, o al menos atenuar, nuestra percepción del dolor.

Los receptores de presión que tenemos en la piel responden al tacto de otra persona cuando activan el nervio vago del cerebro, explica Tiffany Field, directora del Touch Research Institute de la Universidad de Miami. El aumento de actividad en el nervio vago alivia el estrés. La disminución del estrés (y de las hormonas relacionadas con él como el cortisol) alivia el dolor.

Los rodillos de espuma y la acupuntura

El uso de un rodillo de espuma sobre los músculos puede disminuir el dolor y otras molestias, así lo indica un estudio realizado en Canadá y en Australia.

La acupuntura también, puede amortiguar el dolor hasta en un 55%.

Al igual que ocurre con los masajes, tanto la acupuntura como el uso del rodillo de espuma podrían reducir los dolores al producir el aumento de la actividad vagal en nuestro cerebro.

Practicar ejercicio físico

Practicar 25 minutos de ejercicios aeróbicos como correr, el ciclismo o la natación reduce la percepción del dolor en un 28%, según un estudio publicado en el Journal of Rehabilitation Research and Development. Las personas que padecen dolor en la parte baja de la espalda, o que sufren una enfermedad que provoca dolor crónico como la fibromialgia, parecen mejorar con la práctica de ejercicio.

Una investigación de la revista Pain, encontró que los atletas tenían una mayor tolerancia al dolor que quienes llevaban una vida sedentaria. Otra investigación ha relacionado el levantamiento de pesas con beneficios similares a la hora de disminuir el dolor.

El ejercicio activa los receptores de opioides que se hallan en nuestro cerebro y que calman el dolor.

Centrarnos en nosotros mismos

Numerosos estudios científicos, incluyendo un artículo de 2016 publicado en el Journal of Neuroscience, han vinculado la meditación con el alivio del dolor.

Los autores de este estudio afirman que todavía no está claro cómo funciona. Sin embargo, su investigación muestra que la meditación puede ayudar a eliminar el dolor incluso cuando los analgésicos no funcionan.

Realizar estiramientos

Una hora de yoga o estiramiento a la semana puede proporcionar meses de alivio del dolor lumbar, según muestra una investigación reciente. En dicha investigación, un grupo de pacientes que sufría dolor crónico notó una mejoría importante al practicar aproximadamente 55 minutos de yoga a la semana durante 3 meses.

Los autores del estudio creen que el componente mental del yoga puede mejorar los beneficios físicos de la práctica regular.


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