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Generalmente usamos la palabra “estrés” cuando nos sentimos sobrecargados de actividad y nos preguntamos si realmente podemos hacer frente a las presiones que se nos imponen.

Cualquier cosa que represente un desafío o una amenaza para nuestro bienestar produce estrés. No obstante, existen algunos tipos de tensiones que son beneficiosas, si no existiera el estrés en absoluto, nuestras vidas serían demasiado aburridas y predecibles. Sin embargo, cuando esta sensación socava tanto nuestra salud física como la mental, es muy perjudicial.

La diferencia entre “estrés” y “agente estresante”

Un agente estresante es cualquier estímulo que ocasiona estrés. Mientras que el estrés es el sentimiento que tenemos cuando estamos bajo presión. Algunos ejemplos de agentes estresantes son los ruidos, el exceso de velocidad, o incluso acudir a una primera cita.

Cuando estamos estresados, sucede lo siguiente:

  • Aumenta la presión arterial
  • La respiración se hace más rápida
  • El sistema digestivo se ralentiza
  • Se incrementa la frecuencia cardíaca (pulso)
  • El sistema inmunológico se vuelve menos eficaz
  • Los músculos se tensan
  • Experimentamos dificultades para dormir (aumento del estado de alerta)

Nuestro organismo tiene muchas maneras de advertirnos de que el nivel de estrés que estamos padeciendo no es saludable. Estar bajo un bombardeo constante de situaciones estresantes sin que haya tiempo para la recuperación, puede hacer que lleguemos a un estado de agotamiento crónico y que suframos otros trastornos de salud.

En caso de que notemos cualquiera de los síntomas de esta lista de manera regular, deberíamos investigar si nuestra rutina actual de manejo del estrés es adecuada o si hay factores que deberíamos eliminar.

Dificultad para despertarnos por la mañana

 

El cortisol es una hormona secretada por las glándulas suprarrenales necesaria para estimular los niveles de energía, en caso de que suframos estrés excesivo, esta hormona podría no producirse en las cantidades suficientes.

Cansancio  

Cuando nuestra necesidad de descanso y recuperación es mayor que la que recibimos, nos sentimos cansados de forma constante.

Antojos de alimentos salados

El estrés crónico puede provocar desequilibrios electrolíticos, que causan que algunas personas anhelen consumir sal.

Disminución de la capacidad para manejar situaciones estresantes

Cuando sufrimos situaciones de estrés prolongado, nuestra tolerancia y resistencia ante este tipo de situaciones disminuye considerablemente.

Ciclos menstruales irregulares

Dado que el cuerpo prioriza las hormonas del estrés sobre las hormonas sexuales, el estrés crónico provoca desequilibrios hormonales que afectan al ciclo menstrual.

Resfriados frecuentes

 

Al igual que el equilibrio hormonal, el cuerpo prioriza las hormonas del estrés sobre la función inmune, por este motivo se vuelve más difícil combatir los resfriados comunes y otras enfermedades.

Mareo al ponernos de pie

Los desequilibrios de los electrolíticos que son habituales en situaciones de estrés crónico a menudo nos causan mareos cuando nos levantamos repentinamente.

Niebla cerebral  

El estrés excesivo puede producir niebla cerebral y problemas de memoria.

Dependencia de la cafeína o del azúcar

La cafeína y el azúcar nos ofrecen un impulso cuando los niveles de energía se reducen, el hecho de que no podamos pasar el día sin consumir ninguna de estas sustancias puede ser un signo de que nuestras reservas de energía son deficientes.

Oscilaciones de azúcar en la sangre

El estrés crónico suele ocasionar estragos en el equilibrio del azúcar en la sangre.

 


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