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Un sistema inmune fuerte es la piedra angular para mantener una buena salud porque se encarga de luchar contra las infecciones y permite que nos recuperemos más rápidamente de las enfermedades.

Con las siguientes sugerencias ofreceremos a nuestro sistema inmune un impulso adicional para mejorar nuestra salud y bienestar.

1. Añadir “color” a nuestra alimentación

Es fácil identificar los alimentos que contienen los más altos niveles de antioxidantes, ya que suelen ser los más coloridos. Las zanahorias y las batatas contienen grandes cantidades de beta caroteno; los pimientos, las fresas y los tomates contienen vitamina C; los tomates y la sandía son ricos en licopeno; las verduras de hojas verdes como las espinacas contienen luteína. Los arándanos poseen antocianinas y las uvas rojas tienen resveratrol.

2. Aumentar el consumo de frutas y verduras frescas

Para disminuir el riesgo de padecer cáncer, el Instituto Americano para la Investigación contra esta enfermedad recomienda llenar las 2/3 partes o más de nuestro plato con alimentos de origen vegetal como las verduras, las frutas, los cereales enteros y las alubias, y 1/3 o menos con las proteínas de origen animal, como la carne magra o los productos lácteos.

Common culinary fruits.

(Photo credit: Wikipedia)

3. Comer las frutas enteras

El zumo de frutas, aunque a menudo contiene las mismas vitaminas, minerales y fitoquímicos que las frutas enteras, no llevan fibra. Es muy probable que después de haber tomado un vaso de zumo de naranja, acabemos consumiendo más calorías, ya que el zumo las condensa en cantidades más pequeñas.

4. Tener cuidado con los zumos enriquecidos

Algunos zumos de frutas están fortificados con fibra (se añade con la forma de un agente espesante llamado maltodextrina), pero eso no evita que siga perdiendo los demás compuestos beneficiosos que proporcionan las frutas enteras.

5. Consumir ajo

Un diente de ajo contiene 5 mg de calcio, 12 mg de potasio, y más de 100 compuestos sulfúricos lo suficientemente potentes como para eliminar las bacterias perjudiciales y las infecciones. El ajo se utilizaba para prevenir la gangrena en las dos guerras mundiales. Consumirlo crudo es más beneficioso para nuestra salud, ya que las enzimas producidas por el calor inactivan el azufre, y eso podría disminuir los efectos antibióticos de este vegetal. Varios ensayos clínicos han llegado a la conclusión de que parece disminuir la presión arterial y el colesterol además de acabar con los parásitos de nuestro organismo.

Los compuestos sulfúricos se encuentran también en las coles de Bruselas, en el repollo, en la col rizada, en las cebolletas, en los puerros y en las cebollas.

6. Ingerir cereales integrales

Los cereales integrales son importantes para mantener un sistema inmunológico saludable; los expertos en nutrición coinciden en que al menos, la mitad de la cantidad diaria recomendada, que es entre 6 y 9 porciones, debe ser de cereales integrales.

El asma es una enfermedad inflamatoria que puede aliviarse mediante el consumo de este tipo de cereales. Un estudio descubrió que podían reducir las inflamaciones en el intestino. También son capaces de disminuir los niveles de proteína C-reactiva, un marcador de la inflamación que se ha relacionado no sólo con las enfermedades cardiovasculares y con la diabetes tipo 2, sino también con los problemas que pueden darse durante el embarazo, como el parto prematuro, la preeclampsia y las tasas bajas de fertilidad.


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